El líder conectado (tercera entrega)

En esta entrada acabamos la serie sobre las actitudes del Encuentro en las que basan los líderes conectados y sus relaciones interpersonales. Veremos 3 actitudes del encuentro fundamentales: Confianza, Asombro y Responsabilidad.

Confianza 

La actitud de confianza es la esperanza firme y el convencimiento que se tiene en que la otra persona va a comprometerse y va a enriquecer la relación. Es partir de la premisa de que la otra persona aportará valor a la relación y a uno mismo.

Esta persona me enriquecerá y me ayudará a crecer y ser mejor. Parece muy obvio pero muchas veces partimos en las relaciones a la defensiva o con reticencias y prejuicios sobre el otro

Aquí se trata de partir de la mejor situación posible, abierto a las posibilidades. Estoy tranquilo y animado, no debo protegerme, no hay peligro que temer.

La confianza permite asumir riesgos. Confiar es, por tanto, asumir el reto de afrontar una aventura (un proyecto, una relación con la esperanza firme de que los resultados y el camino merecen la pena). Es aportar un espíritu aventurero porque no tendré nunca la seguridad de saber qué nos vamos a encontrar por el camino o cuál va a ser el auténtico resultado final. Hay pues un componente de fe y esperanza.

Esta convicción de que valdrá la pena se traduce en confianza, en total implicación en el trato con otras personas y en la confianza en que podremos superar cualquier situación que se pueda producir en nuestro recorrido.

En cierta forma, la confianza supone un «ver más allá de lo que hay», pues se sustenta en signos e indicios firmes que permiten anticipar un valor de algo que aún no se ha dado; por eso la confianza es necesaria para la generación de novedad, creatividad y valor todavía no presentes.

El líder que confía en los demás conecta con la visión y el potencial disponible y se desapega del juicio y el pasado. Lidera y construye relaciones desde el futuro y las posibilidades, creando un espacio rico de infinitas posibilidades

La actitud de confianza es siempre un a priori. No aportaremos todo lo que somos a la relación si no confiamos; tampoco dejaremos espacio a la creatividad y a la plenitud de los demás. Por el contrario, cuanto más confío, más me muestro con plena autenticidad personal. Si al hacerlo mi confianza es confirmada, más me atrevo a ser yo mismo, confirmar y desarrollar mi yo más íntimo en trato con las otras personas. Impulso mi liderazgo y a los demás.

Los líderes crean líderes en sus interacciones

Seguro que en algún momento habéis conocido a alguien que os hace sentir grandes, que os impulsa y os hace sentiros en vuestra mejor versión. Seguramente esta persona era un líder que construye la interacción sobre la plena confianza.

La confianza plena en la relación con otros deja espacio para la libertad personal. Acepto como legítimos los objetivos e intenciones de los demás, se permite la equivocación sabiendo que somos humanos y que todos nos equivocamos y aprendemos de ello. Puedo ser compasivo y respetar los ritmos de aprendizaje individuales. Sobre todo, me enriquezco con la diversidad de visiones, sueños, anhelos, opiniones e ilusiones de los demás. Cuanta más diversidad, más creatividad y viveza en las relaciones. Me emociono escribiendo esto conectado con el enriquecimiento que me aportáis muchos de vosotros que confiáis y creáis espacios de relación de este tipo. Mil gracias.

Por todo ello, la confianza es una actitud imprescindible para la comunicación auténtica y para el desarrollo personal; y por eso es fundamental que los líderes la desarrollen en todas sus relaciones. Ha de ser ofrecida permanentemente, incluso en los momentos más retadores y complicados. Debe ser renovada y fortalecida constantemente (incluso cuando haya sido traicionada), puesto que si llegado un punto, no fuera posible renovarla, las posibilidades de conexión serían inexistentes.

Asombro 

Es la actitud que nos permite afrontar las relaciones dejándose admirar por los demás, desde la seguridad de su grandeza, de la invitación y ofrecimiento de posibilidades ilimitadas que se esconden detrás de cada interacción. Nos invita a preguntar, a interesarse, a ser curioso, a indagar, a seguir buscando.

Es la actitud del que se enfrenta a cualquier situación como misterio y se siente conmovido ante la inmensidad de lo que le queda por descubrir. Esta actitud me encanta, me hace sentirme vivo y me conecta con el niño que reside dentro de cada uno de nosotros. No hay juicio. Sentimos desde el asombro la intención de ser sorprendidos ante el esplendor de lo que tenemos delante. Esta actitud nos invita a abrir los ojos, a preguntar. Nos asombramos, curioseamos y vamos más allá de las respuestas racionales. Nos abrimos a la experiencia y deseamos entrar en contacto, interactuar, crear un campo de juego en el que hay intercambio de posibilidades y creatividad ilimitada. Y para ello uno se expone, arriesga, se muestra completamente presente, abierto y vulnerable…

Este asombro exige una pausa en el tiempo y cierta toma de distancia. Implica detenernos a observar, y disfrutar lo que se nos ofrece. La velocidad del entorno empresarial actual no ayuda al asombro. No nos detenemos, no disfrutamos y pausamos las conversaciones en momentos necesarios y se va degradando el espacio común.  Vamos con el piloto automático puesto y no vemos lo que tenemos enfrente ni su dinamismo y evolución. Nos movemos con etiquetas para facilitarnos la vida y perdemos contacto con la profundidad y el respeto que merecen los demás.

Asombro y admiración son actitudes naturales en el ser humano y que sólo un mundo marcado por las prisas, por lo funcional y rutinario, tiende a apagar

El líder conectado verdaderamente potencia esta actitud de distintas formas. Cuestiona de forma permanente sus propias creencias y sus suposiciones y prejuicios sobre si mismos y sobre los demás. Poniendo entre paréntesis todas esas cosas de las que cree estar seguro. Una pregunta que me ayuda mucho es ¿Cómo podría estar equivocado?  Toma conciencia de los juicios previos que tiene para poder suspenderlos y valorar el impacto que éstos generaron en su forma de ver la realidad y responder.

Esta actitud de asombro también aporta esta actitud al enfrentarse a las situaciones que emergen en la relación con mentalidad de aprendiz, siendo humilde y pensando que aún queda mucho por saber. Necesito la perspectiva de los demás para tener la visión completa.

 

Responsabilidad

Por último, la responsabilidad. Es la actitud del líder para hacerse cargo todo lo que ocurre en la relación, tomándolo como algo propio y garantizando que hará cuanto esté en su mano para cuidar y hacer crecer la relación. No toma una postura de víctima, sino todo lo contrario. Se siente protagonista y co-responsable de todo lo que sucede.

Facilita que nos concentremos en los aspectos de una situación sobre los cuales podemos influir. Ser responsable significa, por tanto, reconocer, respetar y promocionar la responsabilidad del otro también, sin invadir o sustituir su propio ejercicio de la responsabilidad y la libertad. Muchos líderes toman demasiada responsabilidad y se hacen cargo de los demás. A veces por compromiso y dejadez de otros, pero muchas veces por necesidad de control y protección. No se sienten cómodos estando en manos de los demás.

La responsabilidad implica también ser fiable a la palabra dada, asumir el compromiso como una causa a respetar y estar abierto a las consecuencias no previstas que se deriven del mismo. Por eso, el ejercicio de la responsabilidad exige al líder poner en juego todos sus recursos y capacidades creativas para ofrecer, en cada momento, la mejor respuesta posible y nunca una respuesta prediseñada o estandarizada.

La responsabilidad es el movimiento fundamental por el que el ser humano se desarrolla y madura en todas sus dimensiones.

Cuando está presente en la relación nos permite crecer como líderes y como personas. Necesitamos de las relaciones y por tanto de los demás para evolucionar, crecer y acercamos a nuestra mejor versión!

En este sentido, la responsabilidad no puede limitarse a «cumplir» con las obligaciones pactadas, ni a «ajustarse escrupulosamente» a las reglas del juego.

Tampoco puede reducirse a la rutina de poner el piloto automático «haciendo lo que hay que hacer». En ocasiones, ser responsable significa ir más allá de ciertas obligaciones, estar dispuesto a crear nuevas reglas a reinventar los cuerdos a medida que la relación crece y se expande.

Espero y deseo que esta serie os enriquezca tanto como a mí. Escribiendo esta entrada me he emocionado viendo cuantos líderes conectados he tenido la suerte de disfrutar hasta ahora en mi vida. Me siento agradecido y en deuda. Deseo aportar estos valores en las relaciones que tengo ahora y en las que vendrán.

Este post refuerza mi compromiso en ser promotor de estas actitudes. Gracias a todos.

 

 

2 Comments

  • Camila

    20th noviembre 2017 at 21:17

    Dani, nuevamente gracias… para mi la confianza que podamos depositar en otros se relaciona también con la confianza que tenemos en nosotros mismos. Y creo que como bien dices ayuda a los demás a crecer cuando confiamos en ellos y creo también que es una forma de DAR y permitirnos RECIBIR.
    Me encanta cuando me asombro y ahí como tú me siento una niña… y sabes con qué me dejo asombrar con los gestos, los sonidos… no solo las palabras sino todo lo que “el otro” me ofrece… es “divertido” :).
    RESPONSABILIDAD para mi es uno de los mayores valores que podemos tener en cualquiera de los papeles que juguemos en nuestras vidas y es uno de los valores de mis hijos que más me enorgullecen. Y evidentemente es nuestras responsabilidad como padres que ellos entiendan la importancia de este gran valor como base de muchos otros…
    Gracias Dani y nos vemos pronto 🙂

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